El hacinamiento reina en el hospital regional Jaime Mota
BARAHONA.- Por unas escaleras de cemento recubiertas
con tablones de madera que el tiempo ha carcomido, dos camilleros provistos con
mascarillas cargan cautelosos a una mujer en una silla de ruedas. Un solo paso
en falso puede ser fatal.
Más abajo y en una especie de acto de malabarismo, un
anciano tembloroso sostenido del brazo de su hija termina de bajar del área de
internamiento, bajo la reprimenda de un médico por no haber esperado la
asistencia del personal sanitario luego de recibir el alta médica.
Es el hospital Regional Universitario Jaime Mota de
Barahona, un centro de “tercer nivel” concebido para brindar servicios a los
más de 500 mil moradores de la región IV de salud, comprendida por las
provincias Independencia, Pedernales, Bahoruco y Barahona, cuyos ascensores y
áreas críticas están en fase de terminación, tras un extendido proceso de
reconstrucción a cargo de la Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras del
Estado (OISOE).
Es el mismo hospital que en abril del año pasado se
convirtió en el centro mediático tras la muerte de cinco recién nacidos en solo
una semana, que obligó a las autoridades del Ministerio de Salud Pública del
momento a intervenir su área de Neonatología, la cual está pendiente de
equipamiento, obligando el traslado provisional de este servicio al hospital
Jaime Sánchez, del antiguo Instituto Dominicano de Seguros Sociales (IDSS),
conjuntamente con el área de ginecobstetricia.
Aunque las autoridades del Servicio Nacional de Salud (SNS)
prevén la conclusión de la obra en este semestre y han conseguido acelerar el
ritmo de los trabajos, lo cierto es que el centro desarrolla sus actividades en
el más crudo hacinamiento y ha mermado significativamente su ya limitada
capacidad resolutiva.

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