“Ese apoyo de ese gobierno yo no lo he visto"; madre al borde de la indigencia - El Playero Digital

lunes, 11 de abril de 2022

“Ese apoyo de ese gobierno yo no lo he visto"; madre al borde de la indigencia

Santo Domingo.- En la más pe­queña de seis casas que se configuran en un callejón del sector La Piña, en Los Al­carrizos, vive Carmen Fe­rreras. De voz sofocada, un poco ronca, atrapada por achaques de salud, quizás pocos dominicanos conozcan, por su nombre, de quién se trata.

Aun así, gran parte de la sociedad recuerda cómo la noche del 30 de marzo de 2021 su hijo, Joel, fue asesi­nado junto a su esposa, Eli­sa, en Villa Altagracia, por un grupo de policías que, ba­jo las presuntas órdenes del coronel César Maríñez Lora, abrieron fuego sin confirmar la identidad de los que iban en el carro Kia blanco en su desplazamiento por la Auto­pista Duarte, según establece el expediente acusatorio que conoce en la justicia domini­cana.

Cuando aquel inciden­te en el que mataron a es­ta pareja de evangélicos, que causó la conmoción del país, el presidente Luis Abi­nader, visiblemente afligi­do, prometió brindarle todo el apoyo y ayuda que nece­sitaran las familias afecta­das, delegando esto al mi­nistro de Interior y Policía, Jesús “Chú” Vásquez.

Sin bien que recibieron algunas colaboraciones pa­ra el velatorio y entierro de los jóvenes, la casa de Car­men Ferreras, de menos de 20 metros cuadrados, blocks sin empañetar, techo de zinc y una puerta de metal oxida­do que da la bienvenida a un hogar sin paredes divisorias, más que un par de cortinas y cartones, refleja en cada es­quina no haber sido incluida en esa promesa.

Ese apoyo de ese gobierno yo no lo he visto; fuimos adonde Chú, una ami­ga mía y yo, y ella luchó, hicie­ron una cotización y a mí no me han llamado”, contó do­ña Carmen, quien asegura que le prometieron ayudarle a arreglar y pagar su casita, hipotecada hace un tiempo para poder llevar al menor de sus hijos con ella a Uru­guay, donde vivía.

Uno de los sueños de su hi­jo Joel era ayudarle a sacar la casa de la hipoteca y era él quien le ayudaba cuando po­día, pues sobrevivía como taxista y luego trabajaba de auxiliar de informática en el Ministerio de Educación, se­gún la madre, pero tampoco esta entidad se ha manifesta­do luego de la muerte de su hijo en manos de miembros de “la principal institución del orden en el país”.

“Ese era su propósito, su proyecto”, dijo, sobre el pa­go de la hipoteca, “pero no pudo, mira cómo don Marí­ñez se lo comió”. Pero tam­bién, además de ayudarle a resolver cualquier proble­ma, trabajaba para poder traerla de Uruguay con el fin de que no siguiera tan lejos bajo las condiciones de salud que presenta.

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