viernes, 31 de marzo de 2017

Cultura nuestra

Cunde el pánico en Jaquimeyes por “bacá” que devoró animales

 
Jaquimeyes.- En comunidades dominicanas es normal tener creencias y supersticiones, son tradiciones que se transmiten de generación en generación que chocan con la modernidad, pero que se mantienen como parte de la cultura e identidad de la República Dominicana. 
 
Como parte de esas características producto de un conjunto de creencias, debido a creencias vinculadas a lo mágico, religioso y popular del dominicano, que se refuerza en esta comunidad, por lo que ocurrió a cerdos y chivos, devorados a la media noche del pasado jueves y que atribuyen al personaje de la cultura popular el “bacá”.
 
Niños, adolescentes y mucho más acentuado en adultos se despertaron la mañana del indicado día y ver tantos animales decapitados no puede ser otra cosa que una acción del “demonio”, según residentes de esta comunidad del Suroeste de la República Dominicana.  
 
Aunque el “bacá” es un personaje de la cultura dominicana, sobre todo, en comunidades empobrecidas, mucho más arraigado en Sur, a los habitantes de este poblado, uno de los once municipios en que se divide la provincia de Barahona, nadie los saca de sus mentes que lo ocurrido la madrugada del pasado jueves no puede atribuirse a otra cosa que no sea ese “demonio” maligno.
 
Fue un bacá
 
Nilsa Matos, dijo que es la segunda ocasión en que ocurre algo de esta naturaleza en esta comunidad de Jaquimeyes, un pequeño poblado conformado por pequeños y medianos agricultores que trabajan la tierra para el sustento familiar.
 
La mujer considera que la decapitación de los animales no puede atribuirse a otra cosa que no sea a un bacá, dando gracias que se vuelque en chivos y cerdos y no en las personas.
 
“Es que hay personas que hacen cosas malas y pactos con el demonio y los que pagan son los animales en vez de creer en Dios. Pero es mejor que se envuelva en los animales y no en nosotros”, dijo Nilsa Matos.
 
Narró que ella escuchó el ladrido de los perros, así como la desesperación de los animales que resultaron víctimas del supuesto bacá que, aseguró, que la llenó de mucho temor, sobre todo, porque personas puedes ser víctimas de esta desgracia. 
 
El profesor Ángel López, quien labora en el liceo de este municipio, dijo que su colega José Cabrera, residente aquí, narró que él sintió un tono pesado acompañado de unos pasos pesados confundidos conjuntamente con los ladridos de los perros.
 
“Él escuchaba un programa de televisión en el segundo nivel de su casa y me dijo que no vio nada al abrir una persiana para percatarse de lo que realmente ocurría, sino que no observó más que los perros y las fuertes pisadas. Él no pudo ver lo que sentía”, narró López que le contó su colega profesor Cabrera.
 
Cunde el pánico 
 
Las personas que viven en esta comunidad dicen sentir mucho temor por lo ocurrido y se encomiendan al Altísimo (Dios), ante tantas cosas malignas que existen en el mundo y que afecta a su localidad.
 
La comunidad ha reaccionado con preocupación frente a la muerte extraña de los animales y apelan a ponerse en las manos “divinas” porque tienen la creencia que se trata de algo que con nada bueno puede estar relacionado.
 
Nelisa Matos, llamó a la comunidad a ponerse en oración, no practicar cosas malas y creer en Dios sobre toda las cosas “porque es mejor que eso se haya ensolvido en los animales que nada tienen que ver con los negocios sucios que se hacen”, dijo la mujer que es creyente del bacá.  
 
Leyenda del bacá o baká
 
Conforme a Rubén Mota, quien sobre el Bacá o Baká, escribió un extenso artículo en el año 2008 en un medio digital, establece que es una suposición que le da poder al personaje que nace en el imaginario del sujeto dominicano, fundamentalmente de ciudades no urbanas que viven en condición de marginalidad social, especialmente en el Sur. Dice que allí prevalece el oscurantismo, debido al bajo nivel educacional de la población.
 
Explicó que el Bacá se representa a través de un animal doméstico: un toro, un gato o un perro negro con ojos demoníacos de fuego. Puede ser a través de un ave, pero es infrecuente.
 
“Conforme las creencias sureñas, el Bacá se adquiere o “se compra” en Haití en un Alcajé, que es en un mágico e inverosímil mercado de hechicería parido en la imaginación popular”, dice Mota.
 
Señaló que quienes lo compran persigue prosperidad económica, ya que quien lo procura hace un pacto consistente en recibir a través de él bienestar y riqueza financiera, a cambio de “entregarle” al diablo el hijo más pequeño o la esposa, quienes morirán antes de los cinco años de iniciado el acuerdo. 
 
Observó que del adquiriente querer prosperidad indefinida deberá seguir entregando al “demonio” otros seres queridos, especialmente hijos, quienes irán muriendo gradualmente conforme al pacto que se haga.
 
“De conformidad con la leyenda del Bacá, el pacto es irreversible, imposible de ser dejado sin efecto por el “comprador”. Si el dueño del Bacá incumple, la riqueza y el bienestar otorgados se diluirían y la muerte de elementos de la familia será horrenda”, dijo en el artículo.
 
Personas de varias comunidades de la zona norte de San Juan, con los que conversó, a propósito de una investigación Socio-antropológica que trabajó sobre Mitología Sanjuanera, le revelaron que será ostensible la bonanza y el bienestar del dueño del Bacá y que su existencia se delatará en el momento en que comiencen a morir seres queridos del dueño. 
 
Con esos fallecimientos de elementos del entorno cercano, comienzan las murmuraciones de los vecinos y a expandirse en todos los alrededores la supuesta posesión del Bacá y crece el temor y respeto al dueño.
 
El prejuicio racial está evidenciado en dos elementos asociados al Bacá: la idea de que este es siempre un animal de piel, cuero o pelo de color negro y su adquisición en Haití, donde un brujo de ese vecino país. 
 
Afirmó que en la cultura dominicana, lo negro siempre se quiere asociar a lo malo, desagradable, feo o negativo, y que subyace el estereotipo de relacionar el vudú y la brujería solo a Haití, cuando, también, observa, hay un vudú dominicano, ampliamente estudiado y documentado por sociólogos y antropólogos.

Benny Rodríguez

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