martes, 27 de junio de 2017

Por fallecimientos de munícipes

Sabemos que la vida es un soplo que se va cuando llega la muerte y que ambas son cosas naturales.

 Que la primera produce alegría y la segunda produce un gran dolor en los seres queridos, quedando solo el consuelo del legado, del buen vivir de los seres queridos que fueron positivos en su paso por la tierra.

 Barahona ha recibido fuertes goles con las muertes de varios comunicadores, que nos hacen mucha falta de los padres, esposas y otros parientes de comunicadores y de ciudadanos, que nos hacen mucha falta. 

En menos de 48 horas hemos tenido la pérdida del hermano periodista Genao Contreras, del buen padre Álvaro Rocha y del ilustre ciudadano Gerineldo Pérez. Genao Contreras, el comunicador con casi medio siglo de ejercicio de buen periodismo, era probablemente el más decente y tranquilo de los colegas, con actividad continua y una larga y amplia hoja de servicio a su comunidad y el país, su partida nos deja un gran vació. 

Don Álvaro, el buen padre, buen ciudadano, buen vecino, al decir de su vecino Luis Reyes, ex síndico de Barahona, es el padre de mi doble colega Hidalgo Rocha, mi colega Osvaldo Rocha, de mi compañero y amigo Roberto Rocha y de otros ilustres barahoneros, a los que siempre preguntaba por el, cuando no podía visitarlo en el barrio La Playa, junto a su querida esposa Lesbia María Reyes. 

Gerineldo Pérez fue, es y será un símbolo de Barahona, como lo es su distinguida familia, mis amigos y servidores permanentes de Barahona. 

En su Clínica Santo Tomas nacieron mis hijas Marileysi e Indira, bajo sus cuidados y los de su querida esposa Doña Norma; Indira es hoy medico dermatóloga de su clínica. 

Estas partidas, sentidas, lloradas, nos dejan un gran dolor, que solo ira cediendo, cuando sus ejemplos nos iluminen para el buen vivir, sirviendo a la comunidad, aunque sé que no es tan fácil recuperarse de esos golpes fuertes que hemos recibido. 

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