BARAJITA...
No recuerdo su nombre real, en el barrio y en el pueblo entero se conocía con el nombre de “Barajita” y vivía en uno de los cuartuchos de los “Barrancones de Mellizo” con su mujer Mercedes, su hijo Papo y su hijastro Tomas, en la calle María Trinidad Sánchez casi llegando al Rio Biran.
Barajita fue
un hombre de baja estatura, muy ágil en los negocios, alegre, buena gente de
rápido andar, a quien no se le conocía alguna actividad fija, desempeñando
actividades laboral como celador de algún negocio, buscón de pasajero y de
cualquier cosa que le produjera un par de pesos oro.
En el barrio
todos lo querían por su forma jocosa y no recuerdo haberle faltado el respeto a
ningún vecino, siempre con su machete al cinto siempre dispuesto a negociar
algún trabajo.
Mi papa Don
Darío gozaba con las ocurrencias de Barajita, llegando a cambiarle el apodo por
el de “Tiburón Frontino” porque siempre venia “virao” dispuesto a atrapar su
presa (ganarse unos chelitos).
Era normal
cruzar por el frente de los barrancones y verlo bañarse en la “pluma común de
agua” con uno pantalones cortos y en algunas ocasiones se vestia con uno de los
vestidos de Mercedes, a esperar que sus pantalones recién lavados y tendidos en
un cordel se secaran para continuar su afán de ganarse el pan con honradez
dentro de lo que cabe, pues la situación de ellos era de extrema pobreza. Esa
fue una de las razones por la que mi madre prácticamente “adopto a Tomas”,
llevándolo con nosotros cuando mi familia se mudo a San Cristóbal y Luego a la
Capital, además de considerarlo como un miembro mas de nuestra circulo de
hermanos, enviándolo a la escuela para tratar de sembrar valores en él.
Siempre le
recordamos como era y me cuentan que luego le decían “Viejo Popo” cuando
compartía tragos con algún amigo, todo era al 50%, es decir si el amigo pedía
una cajetilla de cigarrillos y el pedía un Sándwich solo para equilibrar los
gastos, bajo el argumento de que el viejo Popo no fuma, pero come.
Recuerdo una
vez que le dejo $0.50 centavos a Mercedes, y le dijo “Ahí te dejo este dinero
para que hagas un locrio de pollo, me das la pechuga y a Papo un mulo, tu te
comes el otro mulo y a Tomas le das una alita y las patas del pollo”… y se
marcho a buscársela para la calle. Mercedes se indigno tanto que cogió los 50
centavos en dos pesetas y lo coloco en un plato con un poco de verdura y se lo
guardo tapado en la mesa.

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