Casi todos
los estados del mundo han sido impactados con la pandemia del coronavirus. Las
grandes potencias hoy luchan contra un enemigo al que no pueden ver. Los
sistemas sanitarios de estos, orgullo del desarrollo económico, han colapsados.
Los estados afectados y aquellos que aun no, buscan a todo costo reguardar la
salud de sus nacionales.
El Estado de
China, país propietario del detonador, asumió con gallardía la onda expansiva
de este virus resolviendo sobre la
marcha, los mecanismos que sirvieron de base a las demás naciones para el
tratamiento de esta pandemia que hoy también afecta a nuestro país.
Los estados
de países europeo como Italia, Francia y España, donde hasta hace días llevaban
el más alto índice de mortalidad del coronavirus, después que los Estados
Unidos lo destronara de esa posición, por razones que algunos entienden de mal
manejo de su gobernante, asumieron esta pandemia, no obstantes la caída de su
sistema sanitario, amparado en su deber constitucional y sagrado de resguardar la salud de sus nacionales.
Los manejos
de estos estados frente al coronavirus
han sido entendidos por sus nacionales, no por el grado de civilidad que estas
naciones presentan, sino porque lo mismo entiende que es a lo que manejan los
gobiernos de turno a quienes les corresponde atender la salud pública de esos estados
o gobiernos.
Haciendo una
similitud, y guardando la distancia, en nuestro país, así como en Francia y en
España (Pais Vasco y Galicia), el coronavirus llega en momento en que se
aproximaban elecciones. En estos países europeos antes mencionados, los
políticos de oposición han dado una tregua al proselitismo político y han
dejado trabajar al gobierno de turno y a las autoridades sanitarias frente a
esta pandemia que le ha dejado miles de muertos.
Caso
contrario sucede en nuestro patio. Sectores políticos apuestan al fracaso del
estado para sacar partido a la situación del coronavirus. A diario vemos ¨dirigentes
opositores¨ divulgando situaciones que se le escapan al estado y al sistema
sanitario que lucha contra un enemigo silencioso, como un fracaso del gobierno.
Una cosa es
colaborar o hacer propuestas para que la gente se quede en casa, distribuyendo
ayudas en comida o supliendo utensilio para que estos se cuiden en casa o al
salir de esta y otra es inmiscuirse en el tratamiento y cuidado de los
afectados o en centros sanitarios distribuyendo medicamentos alejado de quien
tiene el deber y control de la situación de esta pandemia que hoy nos afecta a
todos que es el ministerio de salud.
Por Hidalgo Rocha Reyes
Abogado y Comunicador
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