Dignidad y respecto hacia la disciplina de las manos vacias - El Playero Digital

miércoles, 17 de octubre de 2012

Dignidad y respecto hacia la disciplina de las manos vacias

Alcibíades Peña Escalante (SURO) 42 años al servicio del KARATEDO  

Nací en 1957 en aquel mismo año en que muere el Maestro Funakoshi
El segundo nombre de mi hija por pura coincidencia, cuando lo elegí, jamás imaginé que era parte de aquella famosa frase lapidaria en la tumba del Padre del karate moderno: Karate ni sente NASHI

Recuerdo como ahora aquel día del año de 1969, cuando partía de mi adorado pueblo natal Santa Cruz de Barahona, lo hacía hacia la ciudad de Santo Domingo, capital del país. Jamás pensé como aquel viaje marcaría mi vida para siempre.
Al año siguiente de radicarme en la ciudad capital, Para ser exacto, era a mediado del año 1970, la televisión que veíamos era a blanco y negro y por coincidencia de la vida, en un día de esos cualquiera sintonizaba el canal oficial que para aquel entonces era 4, 5 y 12 de Radio Televisión Dominicana… allí encontré un programa deportivo que llevaba por nombre. Judo, Karate y Automovilismo.
Ese programa cambió mi vida hasta los días de hoy en pleno siglo XXI, allí observé, sin saber de qué se trataba, una demostración de KARATE, aquello fue algo impactante en mi vida, jamás había oído sobre aquella palabra ni conocía de aquellas técnicas que allí demostraban, ni mucho menos sobre la filosofía que envolvía la esencia misma de aquella milenaria disciplina que a partir de ese momento, marcaría mi vida para siempre.
Era el Sensei Felton Messina, el personaje principal de aquel programa en esa sección, el que demostraba y hablaba sobre lo que atónito yo veía en el monitor de aquel televisor que en blanco y negro me mostraba al exponente vestido con un impecable karategi de color blanco.
Seguía paso a paso cada detalle y cada día asimilaba mejor lo que allí se enseñaba, pero no estando satisfecho, investigué y descubrí que para ese entonces un amigo de mi barrio conocía de la existencia de esa disciplina, y no sólo que conocía de ella, sino, que por demás, también la practicaba… ironías de la vida, no permitían a niños tomar clases y lógicamente que a mi corta edad y con apenas unos 13 años para ese entonces, se me negaba la posibilidad de que yo sea parte de esos entrenamientos por aquello de que sólo le era permitido practicar a los más adultos (.…?)
Ante mi insistencia con aquel amigo, logré que él me indicara como llegar hasta la 20, una famosa calle que al día de hoy sigue siendo aquella misma calle siempre dinámica que todos conocemos de un populoso sector capitalino… allí en una librería, logré conseguir mi “primer libro de karate”
Así las cosas, llega el año de 1971 y mi familia vuelve nuevamente de regreso a nuestro pueblo de origen, ya en Barahona y con aquella chispa prendida tomo a mi primo José Gómez y lo involucro con mi entusiasmo a que sigamos haciendo aquellas “prácticas” de karate.. el asunto funcionó a tal punto, que al cabo de unos días, ya no éramos sólo él y yo; ya éramos varios, ya éramos más y las cosas comenzaron a cambiar y a mejorar y me convertí en su instructor, algo así como un Sensei o mejor dicho, su Sempai. A esa corta edad – 14 años – había comenzado a desarrollar mi vocación por la enseñanza del arte de las manos vacías… había empezado el camino hacia un largo recorrido que llegaría hasta la presente fecha.
José, Cristo Antonio (mi otro primo), Bombita, Alonso Pineda, entre otros amigos de quienes olvido su nombre por el pasar de los años, fueron ellos mis “Primeros Alumnos” en aquel “Dojo” habilitado a orillas del Río Birán sobre un suelo de tierra y piedras frente a la casa de aquella gran mujer que en vida y después de ella, sigue siendo mi Madre… así comenzó todo.
Hoy recuerdo como ahora, aquella tarde del día 16 de Octubre de 1973, cuando de la mano de mi amigo Juancito Vicent llegué a la Escuela de Karate Fan Kang y conocí a Mario D´Oleo, quien de manera oficial se convertiría para ese entonces en mi primer profesor de karate… mi amigo Juan lógicamente ya se había encargado de darme las primeras clases preparatoria y “ponerme” en condiciones idóneas para que me resulte más fácil mi nuevo rol de estudiante de un club de karate…
Conocí al Profesor Máximo Lamarche y conocí a través de él un karate más organizado, era otro club con otras maneras más formales de hacer un mejor karate, allí venían desde Santo Domingo karatecas con otros niveles de conocimiento y le dejaban ese “material técnico” a nuestro instructor y se veía que allí las cosas marchaban diferente y así fui enriqueciendo, aprendiendo y avanzando en el hermoso camino que me había propuesto seguir.
En un momento dado todo esto se desvanece, ni una escuela ni la otra y nos quedamos en el aire haciendo karate de motus propio y entre amigos y recuerdo como hoy, un día en que se me acercó el amigo José Luis Ramírez a quien había conocido en la escuela Fan Kang y me plantea que nos juntemos algunos de aquellos viejos amigos que habíamos practicado juntos para que nos organicemos nuevamente y así fue, logramos juntarnos, él, Toñito Vólquez, Tato Vólquez, Tito Rocha y Jesús Ratón y así comenzó una nueva, valiosa y fructífera etapa del karate Barahonero por allá en el año de 1976 y se funda en ese viejo año, un club que permanece hasta nuestros tiempos, siempre bajo el liderazgo del amigo José Luis Ramírez.
A través de ese club, se organiza la primera asociación de karate en Barahona y a partir de ahí nos llegan instructores más calificados y técnicamente mucho más avanzados, en esta nueva etapa empezamos a tener contacto con “Cinturones Negros” enviados directamente desde la escuela matriz a nuestro Dojo y aquella experiencia marca una de mis mejores etapas en este hermoso camino… recuerdo como ahora, aquel día en que viajamos desde nuestro pueblo a la ciudad capital a tomar un examen de grado frente a nada más y nada menos que el Maestro Miguel Peña, aquel otro personaje que después con los años supe que era quien acompañaba al Profesor Messina en aquel programa de televisión del cual he hecho mención al comienzo. Ante él tuve una marcada y valiosa experiencia que conservo hasta estos días, aprobar ese examen, para nosotros, aquel grupo de amigos que viajamos allí, era algo así como de vida o muerte; y lo logramos! Para ese grupo de amigos sean siempre mis mejores recuerdos.
Llega el año de 1980, una nueva etapa en mi crecimiento, exactamente un 10 de febrero de ese año, constituyo mi primer Dojo, esta vez bajo la tutela del Sensei Mamoru Hidaka, con él me paso 10 años de mi vida recibiendo su sabia enseñanza del estilo Gensei Ryu, allí obtengo mi primera cinta negra en un octubre de 1982 en el mismo mes y año en que nace mi mayor tesoro, mi hija Jashira Nashi, hoy toda una mujer, con hijos y profesional de la medicina.
En 1990, por razones que no vienen al caso, retorno al Shorinji Ryu e iniciamos otro interesante periplo en busca de la excelencia en este empinado camino y ya para 1995, se da una delicada situación que arroja el conocimiento de un nuevo sistema de karate en nuestro curriculum, aparece en esta nueva etapa el nombre del Shihan Koji Sugimoto y empezamos la práctica del Shotokan bajo la sabia orientación de éste excelente maestro con categoría internacional… una experiencia bastante enriquecedora y de la cual aprendimos y sacamos muy buenos resultados.
Llega un momento en que se rompe este vínculo y de nuevo hay que buscar otros horizontes y recuerdo como ahora, que alguien preguntó en una reunión, Señores, que vamos hacer con el karate? en franca alusión a que estábamos acéfalos y sin vínculos marciales con organización alguna, esperé paciente a ver qué respuesta o propuesta presentaba alguno de los amigos allí presente… respuesta ni propuesta que llegaron, entonces me paré e hice la mía, propuse que la mejor y más favorable por muchas razones, era buscar la línea de un famoso maestro de quien me reservo su nombre por razones éticas. Entendía por algunas informaciones que manejaba y por ciertas relaciones que teníamos ese grupo de amigos con un instructor muy particular de esa organización, que bien podíamos aprovechar y sacar el karate de nuestro entorno a un mejor camino. Luego de mi exposición, llegó el silencio y el rechazo expreso de parte de algunos a mi propuesta, no valió la cantidad de argumentos que utilicé para convencer a “estos amigos”… me dejaron solo! Y solo me marché a darle forma a esta propuesta.
Lo conversé con aquel que había hecho la pregunta de qué hacemos con el karate y me dijo: Bien, cuenta conmigo, lo conversé con otro a quien se le consideraba líder del movimiento y me dijo que eso era un absurdo, porque la federación mundial con esos estilos esto y lo otro (…?) y emprendí mi camino a solas y al poco tiempo se me suman dos valiosos y circunstanciales amigos e iniciamos un nuevo e interesante proceso de entrenamiento que fue tomando forma y color y cuando todo pintaba a darle forma a este proyecto, la humildad brilló por su ausencia y me retiro para darle paso a los intereses que oscuro se movían detrás de este noble esfuerzo.
Soldado firme y siempre en busca del camino que me lleve a permanecer, continúo en la búsqueda del mejor de los senderos y cosas de la vida, caigo nada más y nada menos, que en la organización del Maestro Teruyuki Okazaki, aquel a quien el Maestro Nakayama con la aprobación del O´Sensei Gichin Funakoshi, uso como conejillo de india para la implementación del primer programa de instructores que organizó la JKA y de donde salieron los más grandes maestros del karate Shotokan hacia el mundo occidental.
Establezco en el 2006, la ISKF en la República Dominicana y hasta el presente año me mantuve haciendo karate bajo la tutela de esa prestigiosa organización, la cual abandono a raíz de darle respuesta a los mezquinos intereses que predominan en algunos espacios del karate criollo y que nos impedían crecer en proporción a nuestra dedicación y esfuerzo. Descubrí acciones malsanas contra mi sano esfuerzo de querer hacer karate y expandir mis conocimientos hacia quienes así lo considerasen.
Entonces me alejo y renuncio a todo lo que hasta ese momento había logrado construir, dejo aquel Dojo donde impartía mis clases, renuncio a la organización a la que me costó tanto esfuerzo llegar y dejo libre a mis discípulos, para que mi accionar futuro no le arrastre a un conflicto de intereses que se ha establecido contra mí.
Hoy 16 de octubre del 2012, sigo como aquel famoso caminante, poniéndome el Kasurogi cada día para no perder los hábitos con los que hace 42 largos años me comprometí. Hoy con un alumno, sigo siendo el mismo Sensei que cuando otros tantos tenía. Hoy mi Dojo sigue abierto recibiendo nuevos alumnos y escribiendo nuevas páginas para la gloria del karate dominicano, aquel al que le he aportado lo mejor de mi existencia.
Hoy he empezado a trillar un nuevo sendero, he dejado ciertos espacios en busca de otros, para seguir creciendo y estar ahí atento, que la historia es sabia y sabe colocar cada cosa en el justo lugar y el justo momento. Confío plenamente en esa balanza que la justicia tiene en sus manos, aquella justicia con la venda en los ojos y en una mano el rústico aparato para medir nuestras acciones y en la otra la firme espada para darle a cada quien su justa recompensa.
Estoy convencido, que desde cualquier lugar en donde me encuentre, en alguna forma seguiré aportando los frutos que las circunstancias me permitan y que ahí estaré siempre como celoso guardián, aportando lo mejor de mí para esa disciplina a la que amo… el Karatedo!!
Mientras el destino mueve sus sabios hilos, seguiré esperanzado en que algún día podamos superar las mezquindades que hacen del karate dominicano una disciplina dividida… aunque algunos pretendan justificar lo contrario.
Sueño que algún día, pueda ver a todos los que de alguna forma han hecho sus aportes sentados en una misma mesa, como una misma familia.
Sueño ver algún día, que el Pabellón de Combate del Centro Olímpico, lleve el nombre de un valioso karateca, alguien que estemos de acuerdo de que pueda recibir y que realmente merezca ese tributo, por sus significativos aportes al karate y que el Salón en donde nos podamos algún día reunir, también lleve el nombre de otro grande del karate nuestro.
Sueño que un día podamos identificar por consenso al “Padre del Karate Dominicano” y que un día también, podamos exhibir una galería de presidentes de nuestro principal órgano rector, que no se le niegue ese espacio a nadie… hay que reconocer que todos hemos aportados o que todos en alguna forma también estamos en falta. Honor a quien honor merece!!
Gracias a los amigos, hermanos y compañeros que han sabido valorar nuestro caudal de aportes y nuestra sincera integración a la práctica del arte del Karatedo. Gracias a quienes me han permitido ser la persona que soy. Gracias a quienes creen y confían en que todavía tenemos mucho que aportar para un mejor karate… Gracias a todos por permitirme en alguna forma, seguir siendo parte de esta gran familia.
Son tantas cosas que contar y tantos pasajes que dejo para otra ocasión, que lo más importante es poder Hoy festejar y celebrar con ustedes por estas cuatro décadas y pico haciendo del Karatedo: Mi Camino… Ossu!                                                                                                   Tomado de KARATEDOminicano

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